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Sobre la obra: 
En dos tiempos
Óleo sobre lienzo  92 x 73 cm.

El tiempo pasa inexorable y a veces la eternidad se detiene en un segundo. Esta pieza es una alegoría sobre el tiempo, del ahora, del que se fue, del que vendrá, un tic-tac constante que no reconoce si es  finito o si por contraposición  es eternamente infinito. Dos relojes marcan los tiempos: uno más grande el Finitum, con un péndulo que tiende a acelerar, el otro, el Infinitum, más pequeño, de bolsillo, una joven nos lo muestra, impertérrita, casi como una estatua en un museo, desafiante, como si el tiempo ahí se hubiera detenido y no tuviera pensado dejarlo pasar,  el pequeño reloj alberga un secreto, va hacia atrás, sus horas se marcan al revés y  poco a poco se va deshaciendo y cayendo sus restos en un cajón, pretendiendo ser recuperable.  Revoloteando al fondo una mezcla de fénix y colibrí, de un lado la  capacidad para resurgir de sus propias cenizas, inmortal, fuerte, curativo. Y por el otro el más veloz,  mensajero y guardián del tiempo con la maravillosa capacidad de volar hacia atrás nos permite sobrevolar el pasado para paladear como nunca los néctares de las flores que nos ofrece la vida ahora. 
Dulces flores de bonsái, de eternidad, un nexo entre lo divino y lo humano,  lo celestial y lo terrenal. Nos aseguran antiguas leyendas orientales que el que puede conservar un árbol en una maceta tiene asegurada la eternidad, aunque justo debajo unos dados nos preguntan si el tiempo y su paso no serán  simplemente una cuestión de azar. ©ZarZas. Todos los derechos reservados.

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